Presencia digital

Gestionar tu presencia online— sin exponer lo que debe seguir siendo privado

Desarrollar una presencia online parece implicar una regla bastante simple: cuanto más visible eres, más posibilidades tienes de que te encuentren; cuanto más muestras tu trabajo, más personas pueden descubrirte, entender lo que ofreces y acabar convirtiéndose en clientas.

Pero ser visible profesionalmente no significa tener que volverse visible en lo personal.

Tu actividad puede necesitar un sitio, fotografías, una presencia en Google, redes sociales, un número de teléfono o una forma de pedir cita… sin que tu dirección privada, tu número personal, tu día a día, ciertos datos de tu identidad o todo lo que rodea tu vida profesional tengan que estar al alcance de cualquiera.

La dificultad suele venir de que esa frontera nunca se ha pensado de verdad.

Se crea una cuenta con el número personal; se usa un correo de hace años; se publica una fotografía sin mirar lo que revela; se indica una dirección porque un formulario la pide; se conectan varias herramientas entre sí… y, poco a poco, informaciones comunicadas en contextos distintos empiezan a formar un conjunto.

El problema no es solo saber qué publicas.

También hay que saber qué permite relacionar tu presencia digital.

Tu actividad necesita información; no necesariamente toda tu información

Cuando alguien descubre tu actividad, necesita sentirse tranquila.

Quiere entender qué ofreces, cómo funciona, hacerse una idea de tu localización cuando es pertinente; puede querer ver tu trabajo, conocer tus tarifas, comprobar ciertas condiciones o, simplemente, saber cómo contactarte.

Toda esa información tiene una función comercial.

Tu dirección personal completa, en cambio, puede no tener ninguna.

Lo mismo vale para tu número privado, ciertas cuentas personales, tu nombre completo según cómo esté estructurada la actividad, tus desplazamientos o la información sobre las personas que viven contigo.

La pregunta que hay que hacerse no es:

«¿Qué puedo poner en internet?»

Sino:

«¿Qué necesita de verdad alguien en esta etapa de la relación?»

Esa distinción cambia muchísimas cosas.

Quien descubre tu actividad no necesita necesariamente la misma información que una clienta que acaba de reservar; y esa clienta tampoco necesita acceder a todo lo que usas internamente.

Tu presencia puede funcionar, entonces, por niveles.

Público no tiene por qué significar completo.

Una información puede ser útil sin tener que ser pública

Tomemos una dirección.

Si recibes a clientas en un lugar que necesita cierta discreción, necesitan, claro, conocer la dirección exacta antes de la cita.

Eso no significa necesariamente que tenga que aparecer en público en cada página de tu sitio.

Antes de la reserva, a veces basta una ciudad o una zona; después de la confirmación, la dirección precisa puede comunicarse a la persona concernida, con la información necesaria para su cita.

La misma lógica vale para ciertas instrucciones, ciertos documentos o ciertos contenidos.

Una información puede mostrarse en público; enviarse después de una solicitud; transmitirse solo después de una validación; ser accesible desde un espacio privado; o, simplemente, comunicarse a mano cuando la situación lo exige.

La elección depende de la actividad.

Es precisamente lo que empezamos a desarrollar en Un espacio que de verdad te pertenece — no a una plataforma: disponer de tu propia infraestructura permite pensar con mucha más precisión qué debe ser accesible, para quién y en qué momento.

Ya no eliges solo entre:

publicar o no publicar.

Puedes empezar a pensar en términos de acceso.

Google no ve tu sitio como lo ve una clienta

Es un matiz importante.

Una página accesible en público puede, potencialmente, ser descubierta, explorada e indexada por los buscadores; según su configuración y la información que contenga, ciertos elementos pueden aparecer en los resultados de búsqueda.

Y a veces es exactamente lo que quieres.

Quieres que encuentren tu página de servicio; que tu actividad aparezca cuando alguien busca lo que ofreces en tu zona; que tus artículos puedan seguir atrayendo visitantes nuevos varios meses después de su publicación.

Es toda la lógica que desarrollamos en Que te encuentren dentro de seis meses — alguien que hoy todavía no te busca.

Pero no todo está pensado para posicionarse.

Una página destinada solo a ciertas clientas, un recurso privado, una información interna o una página técnica no necesita necesariamente aparecer en Google.

La visibilidad debe ser intencional.

Lo que quieres que se encuentre debe poder encontrarse; lo que no tiene ninguna razón de ser público debe tratarse de otra forma.

Y esta reflexión debería hacerse, idealmente, en el momento de construir el sitio, no después de descubrir que una información ya aparece en algún sitio.

No mostrar una información no basta siempre para protegerla

Ahí la distinción entre «discreto» y «privado» se vuelve importante.

Una página difícil de encontrar no es necesariamente una página privada.

Si tiene una URL pública, si es accesible sin autenticación o si alguien puede obtener su enlace, el simple hecho de no colocarla en el menú no constituye una protección de verdad.

Lo mismo vale para un documento cuyo enlace se comparte suponiendo que nadie más lo encontrará.

Cuando una información debe quedar realmente reservada a ciertas personas, hay que pensar en un verdadero mecanismo de acceso: autenticación, espacio de cliente, enlace correctamente protegido u otra solución adaptada al nivel de confidencialidad que se busca.

Eso no significa poner una contraseña en todas partes.

Una vez más, el nivel de protección debe corresponder a lo que se protege.

Pero hay una diferencia fundamental entre:

«No lo he mostrado.»

y:

«He controlado el acceso.»

Tu nombre profesional puede convertirse en una frontera

Para ciertas actividades, el nombre que se usa profesionalmente no es necesariamente el de la vida privada.

Puede ser un nombre de marca, un nombre comercial, un seudónimo profesional o, simplemente, una identidad construida alrededor de la actividad.

Esa separación puede tener muchísimo valor.

Permite a quien se interesa buscar la actividad, encontrar el sitio, consultar las redes profesionales y acceder a la información necesaria sin ser dirigida automáticamente hacia los espacios personales de quien está detrás.

Pero esa separación tiene que ser coherente.

Si el sitio usa un nombre profesional mientras ciertas páginas remiten a un correo personal que contiene el nombre completo, un documento público usa otra identidad y una red profesional está conectada a una cuenta privada, la frontera se vuelve mucho más fácil de cruzar.

Eso no significa que una separación perfecta sea siempre posible; ciertas obligaciones legales pueden, en particular, imponer mostrar cierta información según el estatuto, el país y la naturaleza de la actividad.

El objetivo no es, entonces, ocultar lo que debe comunicarse por ley.

Es evitar hacer público lo que solo debía serlo por costumbre o por descuido.

Un número profesional no es solo una cuestión de imagen

Usar el mismo número para la familia, las amistades, las clientas, las inscripciones online y las cuentas profesionales parece perfectamente práctico al principio.

Un solo teléfono.

Un solo número.

Ninguna complicación.

Luego el negocio crece.

El número aparece en el sitio, circula en los mensajes, lo guardan las clientas, se usa en ciertas herramientas y a veces queda asociado a distintas cuentas.

En ese punto, cambiar de número se vuelve mucho más complicado.

Disponer de una línea profesional distinta puede tener, entonces, varias funciones: organizar mejor las comunicaciones, crear una frontera con los intercambios privados y, sobre todo, conservar más control sobre una información que puede circular con mucha facilidad.

La misma lógica vale para el correo electrónico.

Una dirección profesional no sirve solo para parecer más seria; también evita que el correo usado desde hace diez años en cuentas personales se convierta poco a poco en el identificador público de toda la actividad.

Son decisiones pequeñas.

Pero cuando se piensan desde el principio, evitan muchísimas mezclas después.

Las fotografías a veces muestran más de lo que querías mostrar

Una fotografía puede parecer perfectamente anodina.

Quieres mostrar un resultado, un vestuario, un producto, un lugar o, simplemente, compartir una imagen de tu trabajo.

Pero el fondo puede contar otra cosa: una calle visible desde una ventana, un documento sobre una mesa, una acreditación, una placa, el reflejo de una pantalla, un detalle que permite identificar un lugar o a una persona que no tenía ninguna razón de aparecer.

También están las informaciones técnicas asociadas a los archivos.

Según cómo se haya creado, guardado o tratado una fotografía, puede contener metadatos; las plataformas y las herramientas no los gestionan todas igual.

No se trata de volverse desconfiada cada vez que publicas una imagen.

Pero cuando una actividad necesita más discreción, mirar una fotografía solo por lo que se supone que muestra a veces no basta.

Hay que mirar también lo que muestra sin querer.

Esta lógica vale especialmente cuando se trabaja desde un lugar privado o cuando una parte importante de la actividad descansa en la imagen.

Las redes personales y profesionales merecen a veces una separación de verdad

Crear una cuenta profesional a partir de una cuenta personal existente suele ser la solución más rápida.

Y en muchas actividades no plantea ningún problema.

Pero cuando la separación entre vida privada y actividad profesional tiene una importancia real, hay que mirar más allá de lo visible en el perfil.

¿Qué cuentas están enlazadas entre sí? ¿Qué información se usa para la recuperación? ¿Qué contactos pueden sincronizarse? ¿Qué recomendaciones cruzadas pueden aparecer? ¿Qué información es pública? ¿Qué puede encontrar alguien simplemente pasando de una cuenta a otra?

No existe una configuración universal que garantice una separación perfecta en todas las plataformas; sus funciones y sus ajustes evolucionan.

Lo importante es no dar por hecho que haber creado dos perfiles significa automáticamente haber creado dos universos totalmente independientes.

Una separación visual no es siempre una separación técnica.

Y cuando importa para tu actividad, merece comprobarse.

Tu sitio puede inspirar confianza sin contar toda tu vida

Este es, probablemente, uno de los miedos más frecuentes cuando se quiere limitar cierta información:

«¿La gente va a confiar en mí igual?»

Sí, a condición de que el resto de la presencia le dé suficientes razones para hacerlo.

Lo desarrollamos en Tu sitio como primer apretón de manos — antes incluso de que hayas contestado: la credibilidad no descansa solo en la cantidad de información personal que haces pública.

También se construye con la coherencia.

Un sitio claro, información precisa, un universo trabajado, servicios bien explicados, condiciones comprensibles, fotografías coherentes y una forma estructurada de ponerse en contacto pueden tranquilizar muchísimo.

También puedes explicar tu experiencia, tu enfoque o tu forma de trabajar sin dar necesariamente acceso a todos los elementos de tu identidad personal.

Hay una diferencia entre ser transparente sobre tu actividad y serlo sobre tu vida.

Tu clienta necesita entender con quién trabaja; no necesita necesariamente poder reconstruir todo lo que hay alrededor.

Los formularios también pueden pedir demasiado

Cuando se construye un formulario, es tentador añadir campos.

Apellido.

Nombre.

Teléfono.

Correo.

Dirección.

Fecha de nacimiento.

Presupuesto.

Redes sociales.

¿Cómo nos has conocido?

Algunas preguntas extra «por si acaso».

Y, poco a poco, se empieza a recoger mucha más información de la que se necesitaba de verdad para tratar la solicitud.

El RGPD plantea, entre otros, un principio de minimización de datos: los datos personales tratados deben ser adecuados, pertinentes y limitados a lo necesario respecto a la finalidad perseguida.

Esta lógica es especialmente sana, incluso más allá del cumplimiento.

Si no necesitas una información, ¿por qué pedirla?

Cada dato extra hay que recogerlo, transmitirlo a algún sitio, potencialmente almacenarlo, protegerlo y suprimirlo cuando su conservación ya no está justificada.

Recoger menos puede significar también tener menos que proteger.

Y tus propias clientas también tienen derecho a esa discreción

La reflexión no debe detenerse, claro, en tu información personal.

Si tu actividad necesita cierta discreción, es probable que una parte de tu clientela aprecie exactamente lo mismo.

Un formulario con información sensible no debería circular sin necesidad entre varias herramientas; una notificación no debería revelar más de lo necesario; una agenda compartida hay que pensarla con cuidado; un correo de confirmación no debería contener información que no tiene ninguna razón de figurar ahí.

Incluso el nombre dado a una cita puede merecer a veces una reflexión, según el contexto en el que vaya a aparecer.

Son detalles.

Pero la confidencialidad se juega a menudo precisamente en los detalles.

Un negocio puede tener una política de privacidad excelente y, aun así, usar a diario procesos en los que circula demasiada información.

El RGPD no debería ser solo una página en el pie del sitio.

Debería influir también en cómo se mueve la información.

Conectar varias herramientas puede multiplicar los sitios donde existe un dato

Tomemos un formulario muy simple.

Alguien lo rellena en tu sitio; la información se envía por correo, se registra en tu herramienta de gestión, se transmite a una automatización y quizá se copia en una agenda.

Un solo dato acaba de aparecer, potencialmente, en cuatro sitios distintos.

Puede estar perfectamente justificado.

Pero hay que saberlo.

Es exactamente la cuestión que abordamos en Por qué tus herramientas no se hablan — y lo que realmente te cuesta: conectar herramientas puede resolver muchísimos problemas de organización, pero también crea flujos que hay que ser capaz de entender.

Cuando se trata de datos personales, la pregunta se vuelve todavía más importante.

¿Dónde se almacena la información? ¿Qué proveedores la reciben? ¿Cuánto tiempo se conserva? ¿Quién puede acceder? ¿Es realmente necesario que pase por cada uno de esos servicios?

Una buena automatización no es, entonces, solo la que ahorra tiempo.

Es también la que no hace viajar una información sin necesidad.

Entender tu tráfico no exige seguir a cada persona

La misma lógica se aplica a las estadísticas del sitio.

Puedes querer saber cuántas personas visitan tus páginas, de dónde vienen, qué contenidos funcionan y qué páginas conducen más a un contacto.

Toda esa información puede ser extremadamente útil.

Pero entender una tendencia no significa necesariamente querer identificar o seguir de forma individual a cada visitante.

Es precisamente la pregunta que desarrollamos en Analítica sin cookies: ¿se puede entender a quien te visita sin rastrearlo?

Para muchos independientes, los datos realmente útiles son relativamente simples: tal página atrae tráfico, tal fuente trae más visitantes, tal contenido genera más contactos, tal página se consulta poco.

Necesitas entender qué ocurre.

No necesariamente quién es cada persona que lo hace.

Esa diferencia permite a menudo construir una medición mucho más proporcionada a la realidad de la actividad.

La discreción no consiste en desaparecer

Este es, probablemente, el punto más importante.

A fuerza de querer proteger cierta información, se podría acabar haciendo la actividad casi imposible de encontrar: ninguna localización, ninguna presentación, muy poco contenido, ninguna forma clara de ponerse en contacto y tan poca información que el visitante ni siquiera sabe si puede confiar en lo que ve.

Ese no es el objetivo.

Una presencia discreta puede ser extremadamente visible.

Puede estar perfectamente posicionada, tener una identidad fuerte, mostrar un trabajo notable y permitir entender con precisión lo que se ofrece.

Simplemente elige lo que pertenece de verdad a esa presencia.

Tu marca puede ser visible.

Tu trabajo puede ser visible.

Tu oficio puede ser visible.

Tu universo puede ser visible.

Tu oferta puede ser visible.

Eso no significa que todo lo demás tenga que seguir.

También hay que aceptar que una información pública puede circular

Es una realidad importante.

Una vez que una información se hace pública en internet, se vuelve difícil controlar por completo lo que le ocurre después: puede copiarse, capturarse, compartirse, indexarse en otro sitio o conservarse por distintos servicios.

Borrar una página más tarde no garantiza, entonces, que toda huella de esa información desaparezca de inmediato de todas partes.

Eso no debe llevar al miedo a publicar.

Pero sí justifica pensar antes.

¿Estaría a gusto si esta información siguiera accesible dentro de varios años?

¿Es realmente necesaria?

¿Concierne solo a mi actividad o revela otra cosa?

¿Podré modificarla con facilidad si cambia mi situación?

Esta reflexión lleva unos minutos.

Puede evitar muchas complicaciones.

Piensa tu presencia en capas

Una forma simple de abordar el tema consiste en imaginar varios niveles.

Lo que debe encontrarse: tu actividad, tu universo, tus servicios, tus contenidos, tu zona cuando es pertinente.

Lo que debe entenderse: tus tarifas o tu posicionamiento, tu funcionamiento, tus condiciones principales, tu forma de ponerse en contacto.

Lo que debe transmitirse en el momento adecuado: una dirección precisa, ciertas instrucciones, ciertos documentos o informaciones reservadas a las personas concernidas.

Lo que debe quedar interno: las informaciones de las que el público y las clientas no tienen ninguna razón de tener conocimiento.

La frontera exacta será distinta para cada actividad.

Pero el simple hecho de definirla ya permite evitar muchísimas publicaciones por defecto.

Porque, en el fondo, la discreción digital no consiste en esconder.

Consiste en decidir.

Tu presencia debería trabajar para ti sin ponerte a disposición de todo el mundo

Un sitio puede permitirte que te encuentren a cualquier hora.

Eso no significa que debas responder a cualquier hora.

Puede presentar tu trabajo a miles de personas.

Eso no significa que esas miles de personas deban conocer tu dirección.

Puede permitir a alguien entender quién eres profesionalmente.

Eso no significa que deba darle acceso a tu vida personal.

Y puede recoger cierta información necesaria para tu actividad sin convertirse en un lugar donde se pide todo lo que sería técnicamente posible pedir.

Esa es la frontera que permite construir una presencia realmente duradera: lo bastante visible para desarrollar la actividad; lo bastante estructurada para inspirar confianza; lo bastante autónoma para no depender por completo de una plataforma… y también lo bastante dominada para que esa visibilidad no se convierta en una exposición permanente.

En by Noreliam, esta reflexión forma parte del diseño.

No miramos solo lo que un sitio debe mostrar; miramos también lo que no tiene ninguna razón de ser público, en qué momento deben aparecer ciertas informaciones, qué datos son realmente necesarios y cómo circulan después entre las distintas herramientas.

Porque una buena presencia digital no debería pedirte que elijas entre visibilidad y discreción.

Debería permitirte dominar las dos.

¿Sabes exactamente qué revela hoy tu presencia online?

En una conversación de claridad de 30 minutos podemos mirar tu presencia actual, las informaciones que son públicas, las que circulan entre tus distintas herramientas y la frontera que quieres crear de verdad entre tu actividad y lo que debe seguir siendo privado.

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